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24
Noviembre

Malos hábitos

Por: Teresa Veloso

Uno de los últimos malos hábitos del S.XXI es la vida en realidades paralelas. Las series y los videojuegos que nos llevan a mundos fantásticos que creemos reales, las redes sociales que nos ofrecen miles de amigos virtuales, la publicidad que nos vende milagros como la eterna juventud o el lujo como una meta…

Muy poca gente se para e intenta apreciar la realidad tal como ella es. Es preferible vivir la vida de la Pantoja y su prole que enfrentarte a que tu familia está en crisis o que tal vez deberías esforzarte un poco más o quizás un poco mejor, o romper con todo, ¿quién sabe?.  Es más fácil dedicar tiempo a una pantalla de ordenador que a visitar a tus abuelos o a tus nietos, que de todo hay. Las realidades paralelas te dan la opción de apagar el botón y ya no existen, la vida… no.

 

El mundo de las mujeres es igual, algunas han vestido de feminismo una revolución irreal e inconsecuente que no les ha aportado lo único que querían: ser mujeres y ser libres.

 

Aunque yo no sea feminista, a pesar de ser mujer, ni se me ocurre despreciar la lucha de este colectivo que ha impulsado infinidad de avances en los últimos siglos, ¡Bien por ellas!. Pero yo soy así, no me gustan los extremos, lo mío es nadar en aguas templadas tirando a frías, el calor de la lucha no me deja pensar.

 

Nadie puede cambiar lo pasado, siempre que se empiece una lucha ha de hacerse mirando al frente; lamentarse, reprochar o juzgar la historia son herramientas inútiles. ¿Queremos realmente un futuro donde el sexo no sea un factor diferenciador?. Es realmente muy simple: eduquemos personas, eduquemos en valores. Una persona no discrimina, no se cree superior a otra por ninguna causa, no necesita pisar a los demás para sentirse realizad@, no busca dominar ni humillar, no justifica la violencia, ni física ni verbal, no utiliza a otra persona, no comercia con ellas como si fueran mercancía, no daña a los débiles, no disfruta del sufrimiento ajeno... Si realmente ese es nuestro objetivo  tenemos que decidir a qué estamos dispuestos a renunciar, porque en la mayoría de los casos de violencia de género cuando no eres la victima eres el agresor, y en muchos casos eres ambas cosas. Muy pocas personas pueden en el mundo decir que no le tocó nunca uno de esos roles (incomodidad, insultos, acoso, vejaciones, tocamientos, violencia, violaciones…). Lo hemos visto estos días con las denuncias en el mundo del cine pero, desgraciadamente, es la realidad de infinidad de vidas.

 

Si nos miramos el ombligo TOD@S debemos asumir que podemos hacer más, mucho más: con la ropa y los juguetes que regalamos a los niños, con el lenguaje que empleamos al educarlos y al relacionarnos con los demás,  con la esclavitud a la que nos dejamos someter por el consumismo y la publicidad, siendo conscientes de que  los chistes que nos hacen gracia  son realmente ofensivos, con el autocontrol de  la difusión en redes de actitudes y estereotipos que nos degradan, con el uso responsable de los medios de comunicación y las redes sociales,  con la denuncia de situaciones injustificadamente machistas y de violencia física o verbal, y  en todo caso con el ejemplo. Si vivimos una realidad en que los sexos no sean un factor diferenciador eso será lo que aprendan las generaciones futuras.

 

Pongamos los pies en el suelo, volvamos al mundo real, y dejemos las realidades paralelas para la ciencia ficción.

 

Dos verbos para hoy : educar y denunciar.

 

Modificouse o Sábado, 25 Noviembre 2017 01:16
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